domingo, 29 de enero de 2012

En un Dos por Uno.


Querid@  lector/a, el día de hoy  estoy en promoción (2x1).  

Este blog nació de mi necesidad de disciplina a la hora de escribir. Me apasiona escribir historias que rondan en mi cabeza y de hecho,  esta semana me di cuenta de la existencia de un cuaderno viejo en donde tengo todos estos escritos. Me hace feliz la idea de no percatarme del cuaderno, lo considero natural y no había tenido conciencia de el hasta ayer. Pero, cuando me concentro en otras cosas, la escritura pasa a un segundo plano y es aquello lo que quiero evitar.

Así que, sin mas preámbulo les dejo dos escritos, los de esta semana.  Dos, porque el jefe de redacción no come cuento al saber que yo soy la dueña del letrero y me tiene respondiéndole con mis escritos responsablemente (no pueden ser muy cortos y si lo son, pues hace dos.)  Bueno señor, aquí tiene sus dos.


1.       Esperarte.

Esperar a que te dignes o te indignes,
esperar que a tu ser plagado de orgullo
se le acaben esos pensamientos egoístas
que suelen nacer de las sombras.
El mundo no esta para esto,
no tengo momentos gastados que me sirvan de refugio
para esperar a que alces tu voz,
que me grites lo que sientes, que reclames tus derechos
(esos que posees por el simple hecho de existir)
No quiero esperar  a que te concientices, a que cambies.
Los cambios no me asustan,
lo que me asusta es que deba aguantar el tiempo,
con lo pesado que se pone al desperdiciarse.
Lo que me asusta es esperarte para luego
decidir marcharme sin dar explicación.
Lo que me asusta, es no vivir.

2.       Sanando.

En  aquel día  solo pensaba en lo grave que habían sido aquellas palabras exhaladas por mi boca. En aquel día la vida se había tornado lenta, el mundo me miraba fijamente con esos ojos de reproche, con ese dedo señalándome. Si, aquel día deje de decirte lo que sentía y comencé a condenar tu pasado.  Te mire con el mismo amor, porque no se va (este amor parece ser eterno), pero el orgullo dolía. La herida sangraba.
Deje de decirte que te amaba, para mirarte fijamente, sonreírte y darme la vuelta, porque para ti solo tengo esta espalda, a la que han recorrido miles de lágrimas y dolores que la han hecho inmune.
Ahora, camino en la luz que me ha dado este cielo. Camino en aquellos campos que antes recorría contigo. Y adivina que?  Ya no me duele.  

Alejandra Vidal Orjuela. 

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