domingo, 19 de febrero de 2012

Igualmente amor.


Un ramo de rosas medio pintadas de rojo, en el fondo el oscuro cielo enmarcado por una ventana café. No estrellas ni luna, los verdaderos amantes no entienden de romance ni sus reglas. Un aire caliente entre  cuerpos y el desespero comenzó a efectuar sus diabluras. Labios desgarrados con ternura, miradas penetrantes, preguntas con memoria de corto plazo, rasgones en toda la piel, esa apetecida piel sedosa. Respiración lenta e  inquietante, uñas enterradas,  sonrisas traviesas y un poco malévolas, a mi parecer. Decisiones cuyas consecuencias no importaban, amor, deseo, entrega.  Los dos.

Afuera de la ventana, hostilidad, voces rudas, carros de prisa. Una monotonía tranquila, rota por una discusión, pérdida de control, gritos desesperados, frenos en seco, pánico y un BUMM!  Tan estruendoso como pudo ser la primera bala que dejo traumado a ese niño que vivió la guerra.  Si, nadie salió herido. No en la calle.

Que paso? Nadie sabia, Como fue? No era claro del todo, Que hora es? Nadie se atrevía a mirar si quiera el reloj. El gentío se disperso en segundos, la calle quedo destrozada, el tiempo se deshizo en pedazos y Ricardo Hernández, solo sabia correr.  Correr con un rio en sus ojos, con el alma quebrada, correr desde el interior de la ventana, desde esa hermosa noche creada por dos que resulto fatal. Correr a pedir un poco de ayuda afuera, con su Vida en las manos, desangrándose, perdiendo luz.  Pedía a quien estaba allá, donde debía estar hoy la luna, perdón (sin haber tenido la culpa), ayuda (sin tener un pensamiento concreto, gracias a la confusión). Pedía ser él en la otra posición, pedía muerte a cambio de Esa vida.

Hace unos momentos la más grande preocupación de Ricardo era enfrentar sin escudos un envoltorio de fantasías,  una vida de felicidad. Después del bullicio, el problema radicaba en no volver a ver la posibilidad de empezar.  La herida de aquel cuerpo al que amaba con el alma se veía mortal, pero el mantenía esperanzas, el sabia que podían salir de esto, que estaban juntos, que esos hermosos ojos lo seguirían derritiendo muchos años mas, que la vida estaba escrita y esto era solo una prueba.

Sin camisa, manchado de sangre en todo su cuerpo, con los ojos rojos de tanto llorar y sin dormir ni un solo segundo, Ricardo esperaba alguna noticia en el hospital, algo que lo tranquilizara, algo que le quitara esta espera. Las manecillas del reloj parecían enemigas, las enfermeras lo miraban como un bicho y a él no le importaba. Después de todo,  a quien le importa lo que dice la gente si estas a punto de perder un pedazo de alma, el mas importante.

Un doctor en el pasillo, canoso, con gafas, de libros.

-         - Disculpe, señor Hernández?
-         - Si, soy yo. Dígame que esta bien, por favor.
-         - Señor Hernández, lo sentimos mucho, hicimos todo lo posible, pero el proyectil traspaso una zona importante del cuerpo, encontramos esto en un bolsillo, creo que debe tenerlo.

“Lo sentimos”, con esas palabras se le derrumbo la vida, no escucho nada mas, no entendió el objetivo de un papel con manchas de sangre que el medico le paso, no quería oír nada mas, no habían lagrimas para llorar tanto, no había vida para perdonar, no había luz, no habían explicaciones que consolaran. Lo único que sentía eran esas ganas de morir.

El dolor era tan intenso que no podía mover el cuerpo, por su cabeza pasaron imágenes descuidadas de la boda, de la familia, de los planes de adopción, de su sonrisa, la luz de aquellos ojos, de ese hermoso cabello. Pasaron imágenes hermosas de su ángel, imágenes que se sentían como una soga apretada en el cuello, imágenes hechas para matar sin el poder de  quitarle la vida.

En momentos tormentosos, Ricardo lee aquel papelito que el doctor le dio, le da fuerzas, le hace saber que alguien lo amo, que alguien lo quiso a su lado hasta la eternidad, que aun lo cuida.



Si, Ricardo fue querido por Santiago, el amor de su vida. Tenían planes, tenían vida, tenían amor. Un amor tan fuerte como el del resto de los humanos. Querían una familia, y por ser personas puras de corazón, la merecían.

"El hombre es naturalmente bueno, es la sociedad que lo corrompe."
Jean-Jacques Rousseau.

Pd: Si se pregunta que tiene que ver la cita con el escrito anterior, lo invito a interrogarse para usted  Que significa ser mujer o hombre? Y quien le adjunto este conocimiento a su diccionario? 

Alejandra Vidal Orjuela.

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