domingo, 12 de febrero de 2012

La Verdad.


 “Los disparos alrededor nos impiden oír bien, pero la voz humana es diferente de otros sonidos, puede hacerse oír por encima de ruidos que lo inundan todo, aunque no esté gritando, aunque sea un susurro, hasta el murmullo más leve silenciaria un ejército, cuando dice la verdad”

Tomado de “La Interprete”.

No es para nada sorprendente que Colombia tenga  vivas las heridas que se abrieron desde hace más de 25 años, no es extraño que aun se polarice la sociedad ante decisiones tomadas en contra de los que ejercían algún foco de poder en el pasado, es mas, no dejaría de ser normal que las instituciones tambalearan a causa de los muertos del pasado; todo lo anterior es fácil de entender y tiene una explicación, aun no se nos ha contado la verdad, todavía seguimos en su búsqueda y, muy al pesar de los que desean que las desapariciones queden impunes, hoy, en 2012, el espíritu insatisfecho de una gran porción del país, sigue haciéndose muchas preguntas, sigue en busca de la VERDAD.

Amén de lo anterior, es muy difícil sanar heridas en nuestro suelo patrio, la clase política dirigente se ha empeñado desde siempre en esconderlo todo, y en no permitir que se investigue, que se sepa la verdad, es inaudito que aun sigan oscuros hechos tan antiguos como vergonzosos, tal es el caso de la Masacre de las Bananeras(6 de Junio de 1928), sobre la que el país aun se hace preguntas, eso respecto de quienes aun nos cuestionamos, porque hay que admitir que no son muchos los colombianos a los que les interesa saber que una Compañía Bananera Norteamericana, ayudada por la fuerza pública rompió a balazos una manifestación obrera y termino de manera infame con la vida de centenares de personas.


Sin embargo, hay hechos que son más vergonzosos, los asesinatos de Galán, de Gaitán, de Pizarro, de Jaime Bateman, de Pardo Leal, el exterminio de la UP  y de muchos otros personajes de la vida política nacional, han quedado en su mayoría impunes (excepción condena a Alberto Santofimio Botero), la verdad sigue oculta y las victimas siguen sin conocer a los responsables de lo sucedido a sus familiares, a estos personajes se los arranco la violencia de la entraña de la sociedad y, el statu quo patrio  el mismo que fue testigo de los hechos, no encontró una solución mas cómoda para él, que dejarlos en el olvido, así por causa de esas muertes  y otras miles, la guerra se encrudezca día tras día, esto es lo que pasa cuando se mata con descaro y nada queda claro.

Por si lo anterior fuera poco, además de políticos y sindicalistas, no sabemos nada sobre el que es sin duda alguna el momento más vergonzoso de nuestra historia como República, El Holocausto del Palacio de Justicia, sobre lo sucedido solo tenemos preguntas, y el no tener respuesta a ellas, solo ha generado polarización, rencor y odio, tan mal estaba el Estado en ese entonces que, pese a las denuncias de los magistrados, permitió que un grupo armado ilegal se tomara la Casa de la Justicia, frente al Congreso y a unos pocos metros de la Casa de Nariño, tanto poder tenían los militares que hicieron lo que se les vino en gana durante la retoma y después de ella; tan poco importaba  la justicia que nadie se detuvo a pensar en la vida de los magistrados, en los expedientes, en lo valioso que habría sido capturar con vida a los líderes del M-19, estas son solo algunas de las preguntas que siguen sin respuesta, no obstante, la mas dolorosa de todas es, ¿Qué paso con los que salieron vivos?, ¿Dónde quedaron sus cuerpos?, en el hipotético caso de que estén vivos, ¿Dónde están?, de haber muerto ¿Quién y por qué los mato?.

Para concluir, el país sigue su ruta en un camino ensangrentado, construye sus autopistas sobre fosas comunes, el país muere y deja morir, Colombia, un acto de fe, no se ocupa de la verdad, no se despierta para buscarla, prefiere seguir su camino sombrío y taciturno, nos hemos olvidado que ese derecho de saber lo que paso está en cabeza de todos, mientras no se aclaren las cosas yo creería que el conflicto seguirá su mutación, los gobernantes seguirán con su oda a la muerte, saldrán a defender a los “héroes” y a callar o evadir las preguntas , continuaran orgullosos y se resistirán a pedir perdón.

El país de las Masacres, de las mentiras, de las intrigas no se ocupa de la vida de los defensores de derechos humanos, no se detiene en la defensa de las comunidades de paz, de los líderes indígenas, de las madres en zonas de conflicto, incluso el país del “Sagrado Corazón de Jesús” no tiene pudor  y deja impune hasta la muerte de los artistas, ni siquiera sobre Jaime Garzón se sabe la verdad.

 Posdata 1: La condena a Plazas Vega responde a un clamor histórico, este episodio no se puede cerrar sin ningún responsable, el dirigió la retoma, él fue el responsable de las personas que salieron vivas, luego él es quien debe responder por lo que les paso en la casa del Florero y por supuesto nadie más que él responde porque completen 26 años desaparecidos.

Posdata 2: La mejor manera de estremecer al país con los peores capítulos de su historia, es construir museos que nos generen llanto y nos dejen la sangre helada, solo así dejaremos la vida para no repetir los errores, eso lo hicieron  valientemente el pueblo argentino y el sudafricano, y allá pocos se atreven a hablar de dictaduras o de segregación racial, quizás si hacemos lo propio en nuestro suelo no se hablara de Guerrillas o Autodefensas.
 “El día que la mierda tenga valor, los pobres naceremos sin culo”
Gabriel García Márquez.


Oscar Eduardo Jimenez Mulato. 




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