miércoles, 5 de febrero de 2014

Basta Ya (I) Este lugar hermoso, el Purgatorio.[1]


“No hubo tiempo para la tristeza”

En la lectura de la situación nacional hay tres grupos poblacionales que siempre me han llamado mucho la atención ellos son: La mujer, las minorías indígenas y los grupos afrodescendientes. En esta oportunidad me remitiré al papel que juega la mujer en la República de Colombia y a las penurias que ha sufrido y sigue sufriendo desde tiempos inmemoriales.

La mujer en Colombia, lamentablemente, ha sido relegada a un segundo plano en la política, en la economía, en las artes y en muchas otras facetas, por fortuna nuestros oros olímpicos son femeninos. Ese rol que ha jugado el género femenino tiene connotaciones históricas, es incipiente el relato que nos cuentan desde niños sobre nuestras heroínas, no sé por cuál razón los libros de historia no realzan la labor de Manuela Beltrán o  de Antonia Santos,  no hay argumentos  o para que no se nos cuenten las hazañas de las valientes que nacieron en nuestra tierra solo por citar algunos ejemplos a María Cano, Gregoria Policarpa Salavarrieta o la “Cacica” Gaitana.

Lo que ellas hicieron pervive en los genes de miles de mujeres en el país que, con la misma valentía, se enfrentan a los desafíos que le plantea la sociedad nacional. Ellas tienen que enfrentarse en múltiples escenarios a extensas variables de negación de sus derechos, bien sea en el conflicto o en  las áreas por fuera del conflicto, en el ámbito laboral de las pequeñas empresas, en el alto gobierno, en la política e incluso en la familia, en la mismísima célula básica y fundamental  de la sociedad.

Escribir sobre la mujer en el conflicto es desmembrar los horrores que han padecido, hay 14 manifestaciones palpables de actos de guerra (tortura, desplazamiento forzoso, uso de minas anti personales, asesinatos selectivos, etc., ) en conjunto han cobrado 5.405.629 víctimas (en 2012) de ellas 2.683.335 eran mujeres, ello sin obviar las víctimas de violencia sexual que no han sido registradas y que en su mayoría pertenecen al género femenino o a las mujeres líderes de los procesos de restitución de tierras como Yolanda Izquierdo(asesinada)  o Carmen Palencia.

Ahora bien, la violencia de género no es solo una realidad del conflicto, por fuera de él hay cualquier cantidad de prácticas discriminatorias. Una de ellas, tan dolorosa como las de la guerra, es la violencia intrafamiliar que  tan solo el año pasado (hasta noviembre) habría cobrado  15. 640 mujeres  sin olvidar las 47.620 del año 2012 que habían sido ultrajadas  en sus hogares por sus maridos o en el peor de los casos por sus propios hijos.

Si es difícil que enfrenten su realidad en el conflicto y en el hogar, imaginen el hecho de pensar que pueden ser quemadas con ácido como ha venido sucediendo, o que no van a gozar de las mismas garantías laborales- en las mismas circunstancias-  que poseemos nosotros los hombres, pareciera, sin temor a exagerar, que el país quedo tan mal construido que a la mujer se le ofrece un lugar muy parecido al purgatorio.

Lo anterior fue apenas un leve y somero esbozo de lo que viven ellas en la cotidianidad, ahora al evaluar esferas más altas de la sociedad el resultado es tanto o menos alentador, en otras palabras, la violencia y la discriminación que sufren las mujeres en Colombia es un asunto que irradia todas las esferas sociales porqué como veremos ellas también son  excluidas en el ejercicio de la política, en la economía y en tantos otros aspectos.

En las elecciones parlamentarias del año 2010 resultaron elegidas congresistas  37 mujeres tan solo el 14% de las 267 curules que ofreció el Congreso, hacia 2006 la cifra fue de 28 y en el ejercicio electoral del presente año solo una mujer es cabeza de lista, Gloria Estella Díaz, los demás son personajes con recorrido en la política nacional que- “hablando de renovación”- decidieron ocupar los lugares privilegiados y reconocidos por los electores( Antonio Navarro, Horacio Serpa , Roberto Gerlein, Carlos Fernando Galán, Jorge Enrique Robledo, Jimmy Chamorro, AUV).

En el alto gobierno las cuotas femeninas- obligatorias de acuerdo a la ley 581 de 2000 que reglamenta la adecuada y efectiva participación de la mujer en los niveles decisorios de las ramas del poder público- han estado relegadas a los ministerios que menos figuración tienen en el ciudadano, tan solo la canciller y la ministra de transporte tienen carteras que les permitirían – eventualmente- ascender en sus carreras políticas, las demás han quedado relegadas al segundo plano.

Solo para cerrar, de los candidatos presidenciales proclamados 3 son mujeres y juntas tan solo sumarían el 15% de la intención tan solo aspirarían a pasar a segunda vuelta y serían derrotadas por el gobernante de turno.

¿Qué pasa con la mujer en Colombia? ¿Cuál va a ser el límite para que dejen de sufrir las múltiples manifestaciones de violencia que sufren? La reivindicación de los derechos de la mujer debe llegar ya, es inaudito que ciertos personajes aún les cuestionen el vestir y justifiquen lo injustificable por aquella razón, es inadmisible que el momento de mayor figuración femenina sea el reinado nacional de belleza.

Es tiempo de que el feminismo deje de ser una simple expresión retórica y se convierta en un movimiento similar al de la reivindicación de los derechos civiles y políticos de los afro en Estados Unidos, es tiempo de que en el país las mujeres y los hombres convivamos en pie de igualdad ello supone que las líderes del género femenino se armen del mismo valor que las heroínas de la independencia, saquen el mismo coraje de mis abuelas, de mi madre, de mi hermana y se ubiquen en el lugar que merecen, que ocupen los cargos más importantes del estado y de las empresas privadas, que dirijan el gobierno como lo han hecho Margaret Thatcher y Angela Merkel en sus países que dirijan la banca como Janet Yellen que brillen con luz propia y que iluminen al país que sigan el ejemplo de las que ya lo hacen como  Patricia Janiot, Liliana Caballero, Catalina Botero, Ayda Quilkue, Vivianne Morales, María Elvira Samper, Piedad Bonnet, Claudia Palacios, María Jimena Duzan, Mónica de Greiff y muchas otras que poco a poco han logrado su cometido, es tiempo de que la mujer colombiana se sacuda de la discriminación que le precede,  que el populismo deje de ser usado con fines electorales y que ellas compitan en condiciones reales de igualdad.

Mientras el género femenino siga en esa ingrata posición el país va a seguir pegado en el ostracismo, no basta el reconocimiento legal, no es suficiente la aceptación de unas cuantas cuotas, es menester que el ejercicio sea sin condiciones en todos los aspectos, que sean protegidas que se les permitan las mismas oportunidades, si ellas no son libres el país no es libre y la condena va a ser la continuación de todas nuestras miserias en este lugar hermoso que  debería denominarse  Purgatorio. Si bien se ha avanzado un poco aún falta y bastante.

*Estoy en deuda de escribir sobre las elecciones que se avecinan, por lo pronto solo puedo decir que es más de lo mismo, y que el cinismo de los políticos es proporcional a la enajenación mental de los y las ciudadanas colombianas. Sigan viendo realities insulsos para que sigamos siendo participes de la pobreza institucional que padecemos.

** La candidata Martha Lucía Ramírez representa lo poquito que queda del partido azul que casi acaba con el país, por favor déjenla igualar o superar el ridículo electoral que hizo el señor que llevaba las banderas del trapito rojo en las elecciones pasadas.
Oscar Eduardo Jiménez Mulato.



[1] Centro Nacional de Memoria Histórica, ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad.

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