domingo, 26 de enero de 2014

El problema de la paz soy yo.

El hombre es la medida del mundo”
Jiddu Krishnamurti.

Si el hombre es la medida del mundo- como bien dice el filósofo Krishnamurti- yo soy hoy la medida de mi país- una pequeña porción del planeta-. En ese sentido tengo deberes conmigo mismo que deben tener impacto en la nación- así sea un pequeño impacto-.  Lo primero que me permito realizar es aceptarme tal cual soy y aceptar mi lugar en el mundo, ello implica aceptar mis raíces-afro, indígena y todas las que se puedan desprender-, comprender el origen de mis ascendientes cercanos el duro camino que han seguido para llegar hasta aquí y presentarnos a sus descendientes un mejor futuro.

Después de aceptarme como soy, reconociéndose único y diferente, el paso a seguir es aceptar que el mundo está lleno de personas diferentes a mí y que esa es una realidad que debo aceptar. En ese paso, en ese sencillo movimiento ontológico está el mayor problema que enfrenta el país, aceptar la diversidad  convivir con ella y aprender de ella. La República de Colombia ha sido víctima de su propio miedo, del temor que tiene de sí misma motivado por unas cuantas personas que le tienen pánico a los diferentes.

No será preciso explicar cuál es el origen de ese pavor que reposa en el ideario colectivo que lo ha hecho preso del  statu quo y ha guiado al ser humano colombiano a los horrores históricos que ha cometido- aún no me queda claro si aprendió o no, si se le olvido o si todavía se acuerda- yo diría que algo hay que abonarle al sistema de segregación racista que nos dejaron los malavenidos conquistadores españoles, al mantenimiento del mismo por los que nos gobernaron los primeros años de vida republicana(y que están muy cómodos en el establecimiento solo llevan 200 años - , a la Iglesia Católica por supuesto debido a que –hasta antes de Jorge Mario Bergoglio- se encargó de infundir terror y de estigmatizar a los diferentes y a muchos otros factores que confluyen y generan este coctel de rechazo y discriminación en un país cargado de multiculturalidad.

No obstante, a pesar de siglos y siglos de haber hecho las cosas mal –básicamente toda la vida – la historia, que a veces es ingrata, esta vez nos da una oportunidad única y quizás irrepetible, podemos terminar de una vez por todas con uno de tantos males que aquejan a la nación, el conflicto armado sostenido con la guerrilla de las FARC y el ELN puede llegar a su fin. Ese será el primer paso para caminar el camino de la paz. Sin embargo aquél evento – que he de festejar con mucho gozo- es solo un paso, el resto – para bien o para mal- le corresponde al colombiano, al ciudadano que ha nacido aquí y tiene esta nacionalidad, así a veces le duela y solo lo llena de orgullo algún triunfo deportivo-porqué son los únicos triunfos-.

El reto no representa mayor dificultad, la paz se construye a diario eso supone que el primer paso es la aceptación de que en nuestra nación hay millones de personas diferentes y que ello no excluye el goce de derechos a ninguna persona, al fin y al cabo “el reconocimiento al derecho ajeno es la paz”.  Esto supone que no tienen asidero, razón u objeto esas prácticas ancestrales de discriminación estructural. Es tiempo de que la democracia- el intento de ella- en la que, según dicen, vivimos deje de ser una ilusión retórica y se convierte en una realidad y la única manera de que aquello suceda es permitir y fomentar la inclusión de todos y todas.

El problema de la paz soy yo, ese es el inicio del camino, soy yo que debo aceptar el derecho que tiene la mujer a elegir ser o no ser madre, el que debo respetar el derecho a morir dignamente de un ser humano, soy yo el que debo aceptar que las personas que dejaron las armas- los que no tenían mando en sus organizaciones- deben  ser aceptadas en la sociedad – sino que opción les queda? Volver a las armas?- soy yo el que convivo con la diferencia cada día, el que acepta y celebra la jurisdicción especial indígenas, los territorios de las comunidades afrodescendientes, los territorios de paz – como San José de Apartadó- , soy yo el que debo aceptar la familia homoparental, el que debo evaluar y dejar ser a los gobiernos de izquierda, soy yo el que entiendo que los animales y las plantas también sufren el conflicto,  si no soy yo que soy la medida de mi país no será nadie, por una razón más que obvia, a NADIE MAS LE IMPORTA.  

Así como soy yo el reconozco, también soy yo el que exijo, exijo al Estado que en realidad se ocupe de mi como ciudadano, que me garantice un aparato judicial que sirva – al menos un poco- porqué hoy es una total vergüenza, exijo servidores públicos que al menos cumplan una función, SERVIR al público, exijo políticas laborales que nos den oportunidades a los que accedemos al primer empleo, exijo que el alto gobierno, los gobiernos departamentales y locales nos incluyan a los afro, a los indígenas a la mujer.

Si no soy yo el problema de la paz entonces lamentablemente-así haya acuerdo para finalizar el conflicto en la Habana- de nada sirve la solución negociada al conflicto porqué el país va a seguir en lo mismo, y de eso prefiero no escribir.

*La lesión de Falcao es lamentable pero puede ser un buen presagio, Roberto Baggio en el mundial de 1994 y Ronaldo “Fenómeno” en 2002 sufrieron lesiones similares y ambos guiaron a sus selecciones a mundiales inolvidables.


** No encuentro muchas diferencias entre Petro, Ordoñez y Enano I, los tres  se exceden en sus discursos, sus decisiones y tienen la capacidad de polarizar al país.

Oscar Eduardo Jimenez. 

Mi Ventana.

He estado de pie frente a mi ventana. Desde aquí se puede ver el edificio más importante del mundo. Puedo ver un puente que lleva y trae carros a su parecer, desde aquí puedo  ver las millones de almas que luchan para no hundirse en el tedio de la vida. Estoy parada frente a mi ventana viendo mi vida moverse. Se mueve tan rápido y tan descontrolada que yo he decidido congelarme, no quiero hablar. Para que molestar algo que ya tiene vida propia, que se suponía era mío pero aprendió a vivir sin mí.

La neblina cubre edificios lejanos y se ve hermoso, frío pero hermoso. Y lo único que puedo hacer es pensar en una persona común, en ti.Pasarás los días igual que yo? Pensando que la historia está escrita, que solo nos queda enfrentarnos a una ventana, asistir a clases, vernos las caras para tomar un café y encerrarnos a leer un libro.Pasarás los días preguntándote que haces aquí tan inexistente y a la vez tan lleno de carne y hueso.  Tan vivo y tan pasmado. Te preguntaras alguna vez cuál es tu puesto en esta rueda que gira y no para, que gira y  enloquece.

Frente a mi ventana una duda me llena la cabeza y susurro con voz cansada: Que se sentirá vivir. Me pregunto si vivir es tomarte un trago o muchos, si es fumarte un porro o cogerte a cualquiera. Respóndeme, yo no sé qué es vivir y quiero saber para dejar de ser este maniquí. Me quiero mover pero nadie me habla, nadie me dice. Me quede atascada.  Ayúdame que el tiempo corre y yo sigo pasmada.

Dime si vivir es pegarte a una pantalla viendo tonterías ensayadas, si vivir es el sentimiento de emoción que llena cuando la sociedad te aprueba con “me gusta”. Si vivir es mirarte al espejo y querer ser otro o es tener la última generación de Galaxy que apareció en el mercado. Dime si tú vives, cuéntame como vives. Quiero dejar a un lado estos zapatos gruesos que no me dejan caminar porque no saben dónde ir. Quiero que me enseñes a vivir.


Y háblame también de la revolución y los sueños. Háblame de como vivo con eso si son fantasías, de cómo las convierto en realidad. Háblame de cambiar el mundo. ¿Crees que podemos cambiar el mundo?  Dime si este es el siglo de los cambios que el pueblo quiere (porque eres parte del pueblo, naciste pueblo y no dejaras de serlo) o dime si vale la pena nacer para quedarte mirando una ventana. Si ya se nos pasó la hora de gritar por lo que queremos y necesitamos. Quizás nacimos en mala época, los revolucionarios y pensadores (hippies, mechudos y revoltosos) ya no actúan, se esconden, y no los culpes, el sistema da miedo. El pueblo soporta y tú te quedas pasmado frente a una ventana pensando cómo se sentirá vivir, como se sentirá cambiar, como se sentirá dejar de comer mierda.


Alejandra Vidal

Aqui y ahora.

“Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes.”
Isaac Newton.

Pocos años han reclamado tanto el compromiso de los ciudadanos y ciudadanas colombianas con su país. No en muchas ocasiones hemos estado atentos a enfrentar los grandes desafíos que plantea el devenir de nuestra nación en formación. Quizás el 2014 sea de una envergadura semejante a 1991, este año decidimos si, como en aquél entonces, damos el paso hacia adelante y avanzamos en este incipiente sistema al que insistimos en llamar democracia, este año decidimos si con las víctimas que tenemos es suficiente o aún nos falta dolor para dejar de   asistir al conflicto armado más largo de los últimos tiempos.

En ese orden de ideas, mi deseo para el año que recién empieza  es el logro del acuerdo para la terminación del conflicto. Deseo, como colombiano, que se termine esta confrontación bélica  infame que ha cobrado más de 5 millones de víctimas directas, 218.000 muertos,  4 millones de desplazados y miles de secuestrados, desaparecidos, torturados, lo anterior sin olvidar las mujeres que han padecido la violencia sexual. El interés nacional debe atender el asunto necesario para el país, el fin del conflicto armado.

Ahora bien, mi deseo de paz no implica que el fin del conflicto conlleve el olvido de las personas que han sufrido esta guerra, mi deseo supone que va ha haber espacio para ellas en las negociaciones y que, POR FIN, nos vamos a entender como colombianos en un ambiente democrático realmente pluralista, participativo y multicultural.  

No podemos permitir que se sigan perpetuando las razones que permitieron el surgimiento de los grupos armados ilegales que desconocen la legitimidad del estado, es tiempo de atender las necesidades del agro, de devolverle la tierra a los campesinos que fueron despojados de ella, de hacer que el país crezca desde su potencial agrícola. No es permisible que la política siga siendo manejada por ciertas elites en los partidos tradicionales y por burócratas insaciables en los partidos políticos de izquierda y centro.

Aquí y ahora es cuando, sin conflicto, la gran cantidad de mentes brillantes que posee el país se dedican a crear a construir y a manejar a Colombia. Aquí y ahora es cuando los ciudadanos asumimos por fin las riendas del país, nuestros votos hacen la diferencia, movilizarnos masivamente a refrendar el fin del conflicto y dejar la puerta abierta a un país de oportunidades, incluyente y diverso.

El reto es que AQUÍ Y AHORA, después de la guerra, sea posible un país mejor para las generaciones que vienen. Nuestros padres, con todo el amor que nos han dado, no nos dieron un país en paz, nuestros abuelos hicieron lo que pudieron pero perecieron en el intento. Nuestra generación no puede ser ajena a la carga que le impuso la historia, en el futuro- cercano- debemos mirar a nuestros hijos y decirles que hubo una época oscura de conflicto que nos lleve hasta el límite de la degradación humana a unos por sanguinarios, a otros por su indiferencia y a otros por su sed de venganza, que sufrimos hasta el tuétano las bombas, las tomas guerrilleras, las masacres paramilitares, los secuestros y las mil y una manifestaciones violentas, que todo eso pasó pero que terminó y que fuimos capaces de atender a nuestro país.

El país que soñamos no se va a construir solo, requiere, hoy especialmente, de las personas que tuvimos la suerte de ser sus nacionales, el fin del conflicto depende de nuestro apoyo y la construcción de la paz no será viable sin nuestro compromiso. Aquí y ahora es tiempo de que en todos nuestros pequeños actos construyamos soberanía y democracia, las discusiones en la familia, en las cafeterías de los colegios y las universidades, durante el almuerzo en el hogar, los debates académicos, los espacios para ejercer la libertad de expresión cualquiera sea su naturaleza, el fin del conflicto no da tiempo, los muros que construyo la sociedad durante 60 años de conflicto los vamos a derribar Aquí y Ahora.

*Estos son días de acercarse  a las personas que más queremos yo quiero manifestar mi querer por la dueña del letrero, así sea socialmente incorrecta.

**Como apasionado seguidor del fútbol no me queda más que desearnos un señor mundial con la selección Colombia como protagonista llegando tan lejos como sea posible.

Oscar Eduardo Jimenez.